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sábado, 5 de julio de 2025

Isabel la reina - Ángeles de Irisarri (2001)

Isabel la reina - Ángeles de Irisarri (2001)
Sinopsis

Isabel la Católica es uno de los personajes más relevantes en la historia de España. Supo imponer su voz en un mundo de hombres. No solo consiguió llegar a reina en unas circunstancias complejas, sino que urdió las bases para que España llegara a ser la primera potencia mundial y, con la reconquista, puso fin a la coexistencia de moros, judíos y cristianos.

Pero esta mujer única también fue de carne y hueso, y se alegró y padeció como hija, esposa y madre. Ángeles de Irisarri se centra en estos aspectos que han permanecido casi ocultos durante siglos, marginados por los grandes acontecimientos. Pero esas anécdotas nos permiten comprender mejor una época y una vida tan apasionantes como lo fueron las de la gran dama que se esconde tras un austero semblante: Isabel la Católica, una mujer que fue capaz de albergar los sentimientos más divinos junto a las pasiones más terrenales.

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A través de esta trilogía dedicada a la reina Isabel la Católica, la cual he tenido la suerte de disfrutar del tirón, he podido acercarme a esa parte de su biografía más alejada de los datos que nos dejan los acontecimientos históricos y más cercana a esa mujer que siempre nos han dibujado, de fuerte carácter y muy centrada en su perfil político con el que quería gobernar un reino que supo expandir enfrentándose a quien se pusiera por delante, eso sí, con la ayuda de su dios, que para esto también supo ser cabeza e impulsora de la religión que le dio el sobrenombre.

La historia que nos habla de Isabel se divide en tres novelas que abarcan cada una de ellas un tramo de su vida, a la vez que se mezcla con una parte de ficción que sirve para darnos una visión más cercana del pueblo al que gobernaba, adentrándonos en asuntos más mundanos. Como así queda patente en la primera entrega "Las hijas de la luna roja", donde descubrimos a las otras tres protagonistas que nacieron el mismo día que Isabel, un 22 de abril del año 1451: las hermanas Leonor y Juana Téllez de Fonseca, herederas de un marquesado, quienes nacen con un defecto físico y quedan a cargo de sendas esclavas moras; y Mari de Abando, hija de una bruja y criada entre mujeres de su misma condición. Más adelante tendrá lugar el nacimiento de Juana la Beltraneja, el cual aporta al relato un enredo con muchos frentes en el asunto relativo a la sucesión; aunque para esto todavía habremos de llegar a las siguientes partes.

En "El tiempo de la siembra" las cuatro hijas de la luna han llegado a la adolescencia, momento en el que Isabel se promete a Fernando, las hermanas Téllez de Fonseca buscan quién acepte su incapacidad y María escapa de sus pretendientes todo lo que su magia le permite. Cada una de ellas vive su propia aventura amorosa, llegan los hijos, los desengaños..., mientras que los reyes tienen que acometer sus primeras batallas y las diferentes religiones conviven entre sí.

"El sabor de las cerezas" nos trae el desenlace de la búsqueda del tesoro de los Fonseca emprendido por las hermanas Téllez al inicio de esta narración y los asuntos que resolver para una Isabel ante sus últimos días de vida; aunque antes de llegar al tema sucesorio y los pactos mediante enlaces matrimoniales damos un repaso a los hitos de su reinado en los que nos encontraremos con Boabdil o Cristóbal Colón.

Un aspecto que me ha resultado muy divertido es el que hace referencia a la brujería, entendiendo que a sanar con unas hierbas o restablecer una torcedura ya opinaban que eran cosas del demonio, por eso, cuando acontece algún episodio de magia es imposible no creer en ella. Un ingrediente que está presente durante toda la trilogía y que aporta un punto de misterio a lo largo de esta biografía cuando las cuatro protagonistas ocupan el mismo recinto o se encuentran cerca.

Una novela donde destacan las mujeres, escrita con un lenguaje de época que te traslada a la Castilla de los siglos XV y XVI y que además nos deja variadas anécdotas de la Corte. Alguno de los relatos te hacen pensar que estás ante un cuento, como si Isabel, la reina, hubiese vivido otra vida; esa que Ángeles de Irisarri ha imaginado para ella.
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jueves, 18 de septiembre de 2014

La artillera - Ángeles de Irisarri (2008)

La artillera - Ángeles de Irisarri (2008)
Sinopsis

Tras el estallido del 2 de mayo en Madrid contra la invasión francesa, varias ciudades españolas declararon la guerra a napoleón. 

Ángeles de Irisarri recrea en esta novela el día a día de la guerra muros adentro de la ciudad a través de diez mujeres, unas reales, otras imaginarias, que representan a todas las clases sociales y que, al grito de “Vencer o morir”, fueron capaces de tomar las armas y hasta de disparar cañones. 

Agustina de Aragón, conocida como la Artillera, junto a la condesa de Bureta, Manuela Sancho, Casta Álvarez, María Lostal, María Agustín y la madre Rafols sobrevivieron en una ciudad en la que el cronista Casamayor escribió que los atacantes “más parecían Nerones que franceses”, en la que el último muerto dejaba enseguida de ser último en una sucesión aterradora.

Estas mujeres y otras, y otros muchos hombres, sin nada que llevarse a la boca y rodeados de muertos, pues la peste hizo acto de presencia en Zaragoza en lo más crudo del invierno y del combate, quedaron inscritas con letras de oro en la Historia de España por sus heroicos hechos en defensa de la libertad.

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La crónica que asoló la ciudad de Zaragoza vista desde el punto de vista de diez mujeres, que aun siendo diferentes entre sí, se unieron dejando atrás su condición social para luchar juntas en una causa común que les tenía reservado un hueco en la historia. El día a día de sus anhelos y sus desdichas nos son reflejados con grandes dosis de intriga y de misterio gracias al buen hacer de su autora, que no escatima en reflejar sus pequeñas historias, sus padecimientos y toda la suerte de aventuras que tuvieron que correr con el único fin de retrasar hasta el infinito las incursiones de los franceses.

También tuvieron que aliarse y luchar desde dentro contra los afrancesados establecidos en las logias masónicas y soportar a quienes, como siempre, se creían con más derechos por la simple razón de ser hombres. Pero estas diez mujeres, y muchas más, contribuyeron tanto o más que ellos a desesperar a los ejércitos incapaces de dominar a una población unida como ninguna para conseguir la libertad.

A los ecos de la revuelta del 2 de mayo en Madrid, y sin saber quien reinaba en España o a que constitución hacer caso, el pueblo sólo quería como capitán general y único referente de confianza a Palafox, al cual esperaban de su regreso de Bayona donde había acompañado al rey Fernando VII. Mientras, las primeras divisiones de opinión se iban fraguando en tabernas, asambleas o tertulias en medio de la calle, entre los que estaban dispuestos a abrir las puertas y los que querían imitar al alcalde de Móstoles y declarar la guerra por su cuenta a los franceses.

Al final, como todos sabemos, las puertas se cerraron y la guerra se declaró. Hartos de la dejación de sus gobernantes se vieron en la necesidad, como muchas otras provincias españolas, de tomar una decisión y luciendo los zaragozanos una escarapela roja en el sombrero o la solapa, y a gritos de ¡Viva la Virgen del Pilar!, ¡Viva el Rey! (sin saber muy bien cual de ellos pero apostando por Fernando VII), y ¡Muerte a los franceses!; se armaron y decidieron su suerte.

La gesta de Agustina Quimeta, conocida por la historia desde aquel día como Agustina de Aragón y de sobrenombre "La Artillera", es uno de los momentos más esperados de la novela. Las bien detalladas luchas y escaramuzas y el ir y venir de gentes, ciudadanos apostados con sus armas haciendo frente a los soldados franceses, mujeres y niños suministrando piedras, pólvora, comida, atenciones médicas o cualquier cosa que fuese necesario para defender una ciudad que sentían como suya y que ahora se envolvía en llamas y en humo, y de fondo tronaba la artillería sin cesar.

Como ya me ocurrió con Benito Pérez Galdós, el paisaje costumbrista y los personajes corales de esta novela hacen más que interesante su lectura; con ellos se lucha, se padece y se celebran los escasos triunfos como si fuésemos uno más de ellos y me invitan a sumergirme en nuevas lecturas de este periodo. Merece la pena leer este homenaje a la ciudad de Zaragoza y en especial a las mujeres, reales unas y ficticias otras, pero todas llenas del orgullo de haber participado en su defensa.
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