viernes, 2 de enero de 2015

Reto - En 2015 leemos el Quijote

Reto - En 2015 leemos el Quijote

Después de leer la primera parte del Quijote durante el año 2014 (podéis ver el resumen de los capítulos y mis impresiones aquí), qué mejor que continuar con la segunda a lo largo del año 2015 y completar el reto que nos propuso Laky en su blog.

Como los capítulos son en esta ocasión un total de LXXIV más prólogo, intentaré actualizar esta entrada cada cinco días aproximadamente.

Continúo con mi vieja edición de 1924 (Casa Editorial Calleja), con la obra completa e ilustraciones que acompañan a los textos, de la que de momento siguen aguantando sus hojas.
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Prólogo.- Al igual que inició Cervantes la primera parte, dedicando en aquella ocasión su obra al Duque de Béjar, en ésta, las primeras palabras van dedicadas al Conde de Lemos, a quién agradece y envía el manuscrito con la priesa de que le llegue antes que otra segunda parte de un tal Alonso Fernández de Avellaneda; del que se despacha muy a gusto y le envía unas cuantas recomendaciones.

Firma don Miguel: "De Madrid, último de Octubre de mil seiscientos quince".

En el cuarto centenario de la publicación de la segunda parte de "El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha", seguramente serán incontables los nuevos datos sobre el autor y aparecerán nuevas referencias literarias con las que podremos disfrutar, tanto de él como de sus personajes don Quijote y Sancho Panza.

Advirtiéndonos el autor de que esta obra es la original y "es cortada del mismo artífice y del mesmo paño que la primera, y que en ella te doy a don Quijote dilatado, y, finalmente, muerto y sepultado..."; me dispongo a vivir y a desfacer nuevos entuertos.

I.- Descansa don Quijote tras su largo peregrinar y después de un mes de cuidados de la Ama y la sobrina aparecen el Cura y el Barbero a interesarse por él. De las nuevas que le traen le cuentan como el rey anda desplegando sus efectivos para combatir a los turcos, cosa que el hidalgo aprovecha para erigirse en consejero real y soñar en explicar al rey sus propósitos, como en siglos anteriores lo hiciesen otros afamados caballeros.

Los visitantes, temiéndose lo peor, intentan despejar de su cabeza las nuevas aventuras que empieza a componer y le narran un desafortunado cuento con el que consiguen que el Quijote se caliente la sesera y vuelva a su defensa a favor de los caballeros andantes y el bien que siempre hicieron a la humanidad.

Vuelve Cervantes por donde le habíamos dejado, aunque parece que nos presenta a un protagonista más maduro en su locura y más dispuesto en sus anhelos.

II.- Sancho va a visitar al hidalgo, pero Ama y sobrina no quieren dejarle entrar por culparle a él de los males que este padece. Entre unas cosas y otras, se cruzan algunas palabras que, si no es por la intervención de don Quijote dando paso a Sancho Panza, hubiesen podido llegar a mayores.

Cierto es que ellas le acusan de haber envenenado al loco, por ser un necio que le ha creido todo lo que le ha contado y por creerse realidad todas las fantasías y mentiras en torno a la ínsula prometida.

Y en verdad no les falta razón, pues como bien dicen Cura y Barbero: a la locura del caballero se le une la simplicidad del escudero.

Cervantes nos sigue preparando el camino de ésta su segunda entrega y presenta al bachiller Sansón Carrasco, que narrará lo que se dice de ambos en un manuscrito que leyó en Salamanca.

III.- El bachiller les habla de la fama que han cogido sus andanzas y aventuras, de los pasajes preferidos por los lectores, divididos entre los que recuerdan los molinos de viento o al buen Sancho volando por los aires, o de los que se preguntan qué paso en algunos episodios donde no se terminó de narrar lo que allí aconteció.

Cervantes realiza un repaso y vende al miso tiempo las grandezas de su primera parte, de la que se congratula, en boca del bachiller, de estar su obra traducida y reproducida en más de doce mil libros impresos, de ser el mejor entrenimiento para niños, jovenes y mayores, y de estar sus personajes en boca de todos, incluso Rocinante a quien nombran cuando se encuentran con algún rocín flaco con un "Allí va Rocinante".

IV.- A las preguntas del bachiller Sansón Carrasco responde Sancho con inteligencia, y así da cuenta a este de lo que realmente pasó cuando el gitano Ginés de Pasamonte le robo el asno y lo que hizo con los cien escudos que se encontró en la maleta de Sierra Morena. Convencido el bachiller y suponiendo una errata en el manuscrito donde se narran sus aventuras, promete hacer ver al autor de dicha imprenta los fallos para que los corrija.

De esta conversación pasan a hablar de unas justas por la fiesta de San Jorge y allí defiende Sancho a su valeroso señor y a su presencia a su lado como fiel escudero.

Parece que se anima Cervantes a dar más protagonismo a Sancho Panza y a darle más conversaciones que tan graciosas son como catedráticos parecen sus argumentos.

"Vengan más quijotadas; embista don Quijote y hable Sancho Panza, y sea lo que fuere que con eso nos contentamos".

V.- Mantienen una conversacion Sancho y su mujer, Teresa, con unos diálogos que parece ser otras personas quienes hablan por ellas. A Sancho, quizá por las palabras amables que le regaló el bachiller Sansón Carrasco, parece haberle cambiado el lenguaje. Donde antes metía patadas al diccionario y sus modales eran del todo bruscos, ahora resulta refinado, tanto que su mujer dice no entenderle.

Las notas del traductor, hablan de una autoría apócrifa en este capítulo. El cambio de las expresiones utilizadas por Sancho, parecen ciertamente escritas por otras manos. Si bien, me quedo con la idea de que Cervantes ha querido seguir el juego a la autoestima de Sancho y poner en él palabras que más pareciesen de don Quijote.

La conversación acerca del futuro de los hijos, Mari Sancha y Sancho, y de los cambios que contemplarán la familia cuando cumpla su sueño de gobernar una ínsula, no tiene desperdicio y me parece muy acertada, incluso para nuestros tiempos. En ella también se anuncia el comienzo de la tercera salida que caballero y escudero protagonizarán.

VI.- Si Sancho y Teresa discutieron, no iban a ser menos la Ama y sobrina de don Quijote, y mientras ellas intentan convencerle de que ceje en su empeño de nuevas aventuras y se quede recogido en su casa, él hace una defensa de todo aquello que significa ser caballero andante.

Dice el título del capítulo "... y es uno de los importantes capítulos de toda la historia"; a mí no me lo ha parecido, pero lo tendré en cuenta para volverlo a leer más adelante, por si hubiese en él alguna clave que ahora no me haya parecido de importancia.

VII.- El Ama, preocupada tras el encierro de Sancho con su señor, y por intuir que estos andaban preparando la tercera salida, va en busca del bachiller Sansón Carrasco para que les convenza de no salir a una nueva "ventura". Lo que ella no sospecha es que el bachiller recurre a los consejos del Cura y del Barbero, para después dirigirse a ver a nuestros amigos para, incluso, ofrecerse como acompañante de sus aventuras.

Un nuevo elogio al modo de hablar de Sancho marcan la partida que tendrá como primera parada la visita a la señora Duclcinea del Toboso.

De momento, seguimos con capítulos de parabienes, dirigidos a alabar el buen hacer del autor y a dar más protagonismo a Sancho

VIII.- Y arranca la tercera salida. Pero para que todo sea completo ha de pedir don Quijote licencia y bendiciones a Dulcinea del Toboso. Por el camino, hablan de triunfadores que tuvo la historia y así pasan la jornada hasta llegar la noche cuando entran en la gran ciudad del Toboso.

Episodio de trámite que muestra la erudición del autor, y que poco más aporta.

IX.- Aunque corto, quizás es este el más visual de los capítulos. Entrada la noche ambos se dirigen por las calles del Toboso en busca del palacio de Dulcinea. Sancho no sabe donde se haya, pues ya sabemos que nunca estuvo allí, y don Quijote se desespera ante las largas que le va dando el escudero. Pero un nuevo ingenio de Sancho hará que salve la situación de momento y engañe a medias a su señor.

De nuevo mantienen una conversación de la que sacar más de una sonrisa y una frase a la que por fin encuentro explicación y contexto, aunque seguiré atento por si vuelvo a encontrarla más adelante:

"-Con la iglesia hemos dado, Sancho". (Siempre he dicho esta frase como "con la iglesia hemos topado, amigo Sancho"; haciendo referencia a la imposibilidad de llegar más lejos en alguna cuestión por existir autoridad o institución que lo impide, y pensando que en el contexto del Quijote hacía alusión a la Iglesia).

X.- Sancho tira de imaginación al no poder localizar a Dulcinea, a sabiendas de que el encargo de don Quijote es totalmente imposible de realizar. Sale hacia El Toboso en su busca y en el camino se entretiene teniendo una excelente conversación consigo mismoEn ella, se plantea si no estará el más loco y más influenciado por los encantamientos que su señor. Y leyendo este capítulo, la verdad es que así parece, pues es él el que tiene que convencer de que la supuesta Dulcinea se acerca cabalgando en un precioso rocín, cuando lo cierto es que ha tenido que echar mano de la aparición por el camino de tres labradoras con las que intenta confundir a don Quijote.

Una narración muy poética que contrasta con los refranes de Sancho, y poco más. Tras el encuentro emprenden camino a Zaragoza.

XI.- Parece que don Quijote no se ha tragado el embuste de Sancho y no cree que hayan visto a Dulcinea, pero salvado por la campana aparecen unos comediantes subidos en un carro. A primeras ya está pensando en arremeter contra ellos pero su afinidad con las artes escénicas hace que todo termine en buenas palabras, hasta que uno de los personajes, vestido de Diablo, hace que Rocinante se asuste y deje a su jinete en el suelo. Aprovechando el descuido, el Diablo roba el rucio e imitando la escena anterior él también se cae. Ante el agravio deciden ir tras ellos y de nuevo le toca a Sancho meterse solo en el fregao y ser recibido a pedradas.

Una aventura más a las que ya nos tenían desacostumbrados, pero que seguro que da pie a más, en el largo camino que aún les queda.

XII.- Saliendo sin perjuicio para sus costillas del anterior encuentro, ambos se disponen a pasar noche bajo unos frondosos árboles que les den cobijo. Allí hablan de la vida de los artistas y los comparan con la vida misma, donde cada cual tiene su papel, hasta terminada la obra representada o por llegada la muerte. Hablan también de la amistad y la extienden a la que se procesan Rocinante y rucio.

Llegado al mismo lugar que ellos otro caballero andante y enamorado, deciden separarse; amos por un lado para que se cuenten sus tristes historias; escuderos por el otro, dando rienda suelta al coloquio que mantendrán en el siguiente capítulo.

A destacar de nuevo, los grandes elogios y las buenas palabras que Sancho va teniendo gracias a Cervantes y a la siembra, que según él, ha hecho don Quijote en su cabeza.

"... quiero decir que la conversación de vuestra merced ha sido el estiercol que sobre la estéril tierra de mi seco ingenio ha caído..."

XIII.- Y aquí se encuentran los dos escuderos, compartiendo una empanada y una bota de vino de Ciudad Real, mientras se cuentan como es eso de vivir con sus respectivos caballeros. Al escucharlos, parece que estemos frente a personajes con más cultura, pues las palabras y frases que acompañan sus relatos están llenas de madurez; quizá, la impuesta por tanto tiempo con sus señores y el aprendizaje recibido.

Sin querer ser repetitivo, quiero volver a remarcar aquí el cambio y protagonismo que tiene Sancho en esta segunda entrega del Quijote.

XIV.- Dormidos quedaron los escuderos y es turno ahora de comentar la conversación de los caballeros. Es el Caballero del Bosque quien narra sus aventuras y como ha vencido a todos los caballeros del reino, en beneficio y gracia de su señora Casildea de Vandalia, incluso se atreve a contar que se alzó con la victoria en su enfrentamiento con el valeroso don Quijote. Al oírle, y no queriendo contradecirle, intenta convencerle de que eso no es posible; pero ya sabemos como acaban estas cosas.

Entre los cuatro se inicia una pelea que termina con un final inesperado, y en la que por arte del encantamiento aparece el bachiller Sansón Carrasco; y hasta aquí os cuento para que no pierda interés lo que aquí se cuenta.

Curioso es el cambio de "Caballero del Bosque" a "Caballero de los Espejos" que varía a lo largo del capítulo, no sé si es una más de las erratas de la época o tiene otro significado que más adelante se nos descubra.

XV.- Breve capítulo de apenas 2 páginas, en el que se relata quién era y qué trama se había fabricado a espaldas de don Quijote para hacerle volver a su hacienda y tenerlo encerrado allí por una buena temporada. Aunque os podéis imaginar quienes andan detrás del engaño, os dejo el suspense para que leáis este capítulo, en el que ya se nos advierte que volverán a encontrarse con "El Caballero de los Espejos".

XVI.- La duda de la verdadera identidad del "Caballero de los Espejos" y su escudero, parece ser reuelta en primera instancia por nuestros amigos, aunque, como siempre, don Quijote quiere ver más allá y vuelve a pensar en los encatamientos que le persiguen, y no da su brazo a torcer poniendo la certeza del nombre de quien se ha querido batir con él en duelo de espadas y mamporros; pues no llega a comprender el porqué de ser su estimado amigo, el bachiller Sansón Carrasco, quien se escondía detrás de aquél disfraz.

En esto conversan por el camino, cuando se encuentran con un hidalgo de buen porte con el que las palabras se vuelven más literarias y disertan acerca de la poesía y de los grandes poetas; además de aprovechar Cervantes para sacar pecho por su magna obra y de la cultura a la que nos tiene ya acostumbrados en boca de don Quijote.

XVII.- En esta ocasión osará don Quijote desafiar a un león, pidiéndole a su cuidador que le abra la jaula para batirse con él. Sus compañeros, no consiguiendo convencerle de su nueva locura, deciden alejarse. Pero cual es su sorpresa cuando acuden a la llamada victoriosa del loco aventurero, que esta vez, más cuerdo que nunca, no ha visto encantamientos y ha demostrado todo su valor, aunque no me extrañaría que más adelante nos contase como supo que tenía la victoria asegurada y el porqué de atreverse en su desafío.

Vuelve Cervantes a apostar por la imaginación, alejarse de la cultura y sorprendernos con un toque de humor en el que Sancho y unos requesones, comprados a unos pastores cercanos, tienen todo el protagonismo; si bien, las cosas se le tuercen y tiene que recurrir a los encantamientos para defenderse y evitar así los palos de su señor.

XVIII.- Al final de su aventura anterior hicieron buenas migas con el hidalgo, al que llamaba "El Caballero del Verde Gabán", el cual les invita a su casa para presentarles a su familia. Su mujer Cristina y su hijo Lorenzo les reciben con buen entusiasmo, y allí residen durante unos días, lo que aprovecha don Diego de Miranda para que su hijo investigue acerca de la locura de don Quijote.

El Poeta Lorenzo y el Caballero Andante, miden sus palabras como si de ciencia ambas se tratasen; donde uno pone poesía el otro habla de nobleza, compromiso y aventuras, y estableciendo que ambas se basan en lo mismo y al mismo punto quieren llegar, determinan que el joven poeta llegará lejos en su aprendizaje y que el caballero andante está más cuerdo de lo que podían pensar y sus razones bien valen las desventuras que protagoniza.

Un relato amable para don Quijote que se despide para encaminarse al nacimiento y manantiales de las siete lagunas de Ruidera. Y unos días de descanso para el pobre Sancho que deja la casa con pena pero con las alforjas llenas, pues nunca se sabe de la estrechez que encontrará de nuevo, ni cuando volverán sus huesos a estar tan bien cuidados.

XIX.- Camino de Toledo se encuentran con dos clérigos estudiantes que se dirigen a la boda de dos jovenes enamorados, en su compañía les narran la historia de sus amores, así como otras ciencias de la espada. Tanto, que para demostrarles su uso se baten en duelo con don Quijote convertido en arbitro de la contienda. La pelea no va a más y ambos firman la paz con un abrazo, continuando su viaje para celebrar el acontecimiento al que también han sido invitados el caballero y su escudero.

XX.- La noche la pasan en los campos cercanos a donde horas después se celebrará la boda, con sus festejos y gran comida. Al despertar, don Quijote se queja del buen dormir que tiene Sancho, alejado de las preocupaciones que él dice tener con su peregrinar, y lo comprueba con la primera palabra que pronuncia el escudero al oler los guisos y las carnes que en la distancia se están preparando. Siguiendo su rastro llegan al campamento y cada uno actúa según sus prioridades y gustos; mientras don Quijote observa a los jinetes, escuchas los versos o se deleita con los bailes, Sancho se acerca a las ollas y consigue saciar su inestimable y voraz apetito.

Un capítulo que por sí solo dibuja a la perfección a los dos personajes. El grabado de mi edición, con un Sancho sentando en el suelo, cara de satisfación, cazuela grande entre las piernas agarrada con una mano mientras que con la otra  se lleva un muslo de pollo a la boca; no tiene precio.

XXI.- Y llegan los novios. Pero antes de ser desposados llega al encuentro un tercer personaje que, mediante un engaño, conseguirá cambiar el rumbo de aquella mañana y en la que don Quijote volverá a empuñar su lanza poniendo cordura entre los asistentes.

Se pone fin a este episodió que tiene como protagonistas a Camacho, Quiteria y Basilio, y a una historia de las que seguro abundaron en otros tiempos, por querer los padres casar a sus hijas con quien tenía más posibles y no con aquellos que sus amores preferían.

Los textos siguen enriqueciendo la novela y la diversidad de nuevas aventuras me han vuelto a enganchar a su lectura.

XXII.- Acompañando al nuevo matrimonio acudieron con ellos a festejar durante tres días y donde fueron agasajados por haber mediado en el favor de su unión. En esas tierras se encontraban las lagunas de Ruidera, en la boca de la cueva de Montesinos, adonde les acompañó un licenciado como guía.

Estas son otras de las licencias de Cervantes para, por un lado engrandecer los parajes de La Mancha y por otro reflejar en esta obra su gusto por la obra de Ovidio, que tuvo su mayor auge en el siglo XVI. De hecho no es la primera vez que aparece, alargando así el título para sí dado de "Ovidio español"; aprovechando la figura del estudiante que les guía y poniendo en él la autoría de algunos libros, se entretienen en animada charla que desvaría con las preguntas de Sancho.

De la visita en solitario a la cueva, vuelve don Quijote con nuevos cuentos, fantasías o alucinaciones, que contará más adelante.

XXIII.- Cuenta don Quijote, que durante los 3 días con sus noches en los que permaneció en la cueva, le dio la bienvenida el propio Montesinos, quien le narró la historia del encantamiento que el mago Merlín le había hecho junto a Durandarte, Belerma, Ruidera y sus hijas, a quienes había convertido en lagunas.

Sancho y el estudiante no pueden creer que en la hora escasa que ha estado en la cueva le hayan ocurrido tantas cosas como cuenta, y para mal mayor comprueban que ha vuelto a perder el juicio.

Un cuento de lo más imaginativo y provechoso que nos devuelve un Cervantes, o un Quijote, descriptivo y de vuelta a capítulos de la primera parte donde era más habitual su locura y su fantasía; o como él prefiere decir, encantamientos.

XXIV.- Capítulo de tránsito en el que por un lado se pone en duda la historia anteriormente narrada por don Quijote y por otro se ensalzan, por parte del estudiante, algunas de las frases y comentarios que se pusieron en boca de Montesinos y Durandarte; porque lo sorprendente fue que aunque muerto estaba también habló. La aparición de un muchacho, que lo deja todo para irse a servir en el ejercito de las armas, da pie a otra de las exquisitas proclamas del autor. Al tiempo que Sancho se desespera de nuevo con los disparates imposibles de la Cueva de Montesinos y el recuerdo de las bodas de Camacho por la abundancia, y que tan alejado queda ahora de su estómago.

XXV.- De nuevo pasan la noche en una venta, donde su dueño les regala la aventura que sus paisanos tuvieron cuando salieron en busca de un asno perdido. Para llamar su atención y saber en que lugar se encontraba, utilizaron la inigualable técnica de rebuznar; tan bien lo hacían que siempre hallaron respuesta. Lo que no imaginaron cuando siguieron el rastro del buzno de respuesta era que otro vecino fuese el origen de ellos. Iniciándose desde entonces, entre bromas y disputas con los pueblos vecinos, las jornadas dedicadas a ver quén rebuznaba mejor.

Me ha hecho gracia este capítulo y me ha recordado veranos en ese pueblo de Ávila que tanto nombro y que tan parejo está con el Quijote, el mal llamado apócrifo o Quijote de Avellaneda.

Continúa el humor, y ésta vez de mano de un titiritero que dice llevar consigo un mono que le habla repondiendo a las preguntas de los presentes. Las dudas de su negocio dan para unas buenas conversaciones, y nos deja en boca de don Quijote la ya famosa frase que dice:

"... que el que lee mucho y anda mucho, vee mucho y sabe mucho".

Un episodio divertido que tiene su continuación con la representación que se hace de un retablo que también lleva Pedro el titiritero.

XXVI.- Es el turno del mozo de don Pedro para, con una vara en la mano, ir señalando las escenas que se representan en el retablo. Mientras va narrando las mismas, don Quijote le recrimina el irse por las ramas y no centrarse en en la historia qe a él le parece tan interesante.

Tan metido está en lo que cuenta el mozo, que se cree en justicia ser el único con derecho a defender lo que allí está ocurriendo, por lo que toma cartas en el asunto, arremete contra el retablo y lo deja todo destrozado. Como es de suponer la historia no acaba aquí y don Pedro no se conformará hasta ver el último real que le compense, incluso el necesario para rescatar a su mono que escapó al tiempo que comenzaba la furia de don Quijote.

El ingenio de Cervantes para construir tramas parece no tener fin y nos regala otro cuento acompañado de una nueva locura, o encantamiento, de su protagnista.

XXVII.- Tras una breve introducción, en la que se nos dará a conocer la verdadera identidad del titiritero y el engaño que con el mono hacía, se nos recordará el asunto del robo del rucio de Sancho Panza y que fue de Gines de Pasamonte.

Cercanos a Zaragoza se vuelven a meter en un nuevo suceso, esta vez creyendo ver una disputa por el tema de los famosos rebuznos. Un grupo de hombres armados que se iban a enfrentar a los de otro pueblo y que portaban un banderín con un asno, de ahí la confusión que dió pie a una mediación de don Quijote que prestaron todos con mucha atención, pero Sancho, queriendo ensalzar la charla de su señor, quiso aportar de su mano y cambiando el lenguaje terminó su discurso con un rebuzno.

Ni decir tiene como terminó esta aventura, apaleados y corridos.

Para nuestro disfrute, se suelta Sancho con un discurso, aunque esta vez las consecuencias no son tan positivas; aunque eso sí, seguimos divirtiéndonos.

XXVIII.- Don Quijote en retirada, que no huida, y Sancho recibiendo palos por todos los lados, intenatndo escapar con su rucio en busca del insigne caballero. Sancho le recrimina el haberle dejado en la estacada, nunca mejor dicho, y estar harto de tanto golpe y manteo, del poco comer con el que se sustentan y el mal dormir a cielo abierto, de los pocos pagos y de faltar a sus promesas.

Don Quijote le da la vuelta a la tortilla y le hace ver que la culpa ha sido sólo suya por haber rebuznado de tal manera, por haberse metido en una conversación a la que no fue invitado y no haber sabido mediar con aquel pequeño ejercito.

Otro capítulo en el que Sancho saca su caracter y sus pensamientos se convierten en acertadas palabras que no causan el efecto deseado, pero que seguro que le han dejado más tranquilo y menos dolorido mientras se desahogaba. Al lector nos vuelve a conquistar con su sencilla forma de ver la vida, con los diálogos que sólo Cervantes sabe crear para él.

XXIX.- Por fín llegan al río Ebro, donde encuentran una barca con la que ambos emprenden camino para socorrer a algún caballero o persona que precise de su ayuda. Sancho, entre la tristeza por abandonar a su rucio, el miedo a navegar y la preocupación por saber que les deparará el nuevo encantamiento de don Quijote, hace lo que su amo manda y calla por precaución.

El nuevo castillo, molino para más señas, que encuentran, no tienea nadie encerrado, más bien a unos campesinos de molienda que sin dejarse amedrentar acaban con ambos en el agua.

Sin más, terminan esta aventura con el bolsillo más vacío al pagar los desperfectos de la barca y con unos pescadores que todavía deben estar pensando si es verdad o imaginación lo que han vivido.

XXX.- Continúan su marcha hacia Zaragoza, sin cruzar una palabra, cuando se encuentran con una dama con su séquito, bien vestida y con un halcón en su mano. A la vista de la cazadora, don Quijote envía a Sancho para que le ofrezca sus respetos, advirtiéndole del cuidado que tiene que poner en sus palabras. Y vaya si lo tiene, pues parece el mismo don Quijote la presentación que de ellos hace el escudero.

Los duques, que tal era su linaje, no dudan en hacerse acompañar por ellos, pues conocen tanto sus aventuras como la gracia de Sancho.

Después de los palos anteriores, le toca a Sancho ser alabado por la duquesa, y así, se encaminan hacía el castillo donde son acogidos, como se verá en los sucesivos episodios.

XXXI.- Llegando a la casa de los marqueses, se asombran ante el recibimiento que les hacen, pues le hacen sentirse como verdadero caballero y no un personaje fruto de sus fantasías.

Sancho, preocupado por el bienestar de su rucio, entabla una conversación con una mujer que termina en un mal entendido y en la que todos participan para mediar.

Ambos, con sus distintos modos de ver la vida y de disfrutar el momento que estaban viviendo con los marqueses, se disponen a disfrutar de una comida en la que don Quijote es obligado a presidir, situación que aprovecha Sancho para contar una de sus múltiples anécdotas que tanto gustan a la marquesa.

Sancho se convierte de nuevo en el centro de atención del lector, dejando a don Quijote en un segundo plano; el humor y sencillez de uno contrastan con la seriedad del otro.

XXXII.- Tras la comida, el eclesiástico que había compartido mesa junto a los marqueses y don Quijote, le recriminó sus creencias en caballeros y mundos de fantasía en los que vivía y que no conseguían otra cosa que ser el hazmereir de cuantos salían a su paso, habiéndose convertido en el disfrute de la risa para gente corriente e incluso para la burguesía.

Don Quijote, ofendido, tiene que controlarse y es la marquesa quien llevándole aparte le pide le hable de su Dulcinea y que si es capaz la describa.

En alabanzas a su amada parece terminar el capítulo cuando aparecen las criadas a lavarle las barbas a don Quijote y cambia el sentido de la narración, pasando ahora a momentos divertidos en los que no podía faltar Sancho.

Se recrea Cervantes en las distintas narrativas dando un perfil diferente a sus dos personajes principales y consiguiendo crear el clima de lo visual con las escenas tan logradas que tan bien nos tiene acostumbrados.

XXXIII.- Después de haberse lavado todos las barbas es el momento de la siesta, para todos menos para Sancho, que a petición de la duquesa se encierra con ella y con otras damas en una salita donde da rienda suelta a las preguntas que sobre el libro primero le inquietan. De esta manera le pregunta a Sancho sobre la verdad del encantamiento de Dulcinea y la mentira que contó a don Quijote cuando dijo verla. Sancho no deja pasar la oportunidad de decir todo lo que piensa de su señor, que va desde loco a mentecato. Y así pasan la tarde en amena conversación, en la que Sancho habla y las damas escuchan.

Sancho cobra todo el protagonismo en este capítulo y sale a relucir su ansiada ínsula, la cual conseguira de manos de don Quijote o por ofrecimiento del duque.

La duquesa, divertida, le cuenta a su marido lo que Sancho contó y entre los dos deciden burlar a don Quijote para que ésta figurase en su nuevo libro de aventuras.

XXXIV.- Los duques inician su enredo con una cacería en la que el jabalí y Sancho subido a un árbol son el centro de la misma. Sancho poco convencido del arte de la caza tira de sus refranes para negarse a proceder de tal forma cuando sea gobernador.

El plan sigue su curso y al sonido de tambores y arcabuces aparece el portador de noticias de Montesinos que busca a don Quijote para liberar a doña Dulcinea de su encantamiento.

Un episodio que prepara el siguiente y en el que Sancho con la mosca tras la oreja presume de que nada malo puede suceder cuando hay música en el ambiente, que más invita a festividad que a batalla.

XXXV.- A la música le acompaña un carro en el que llegan Merlín y Dulcinea, tras las presentaciones se le solicita a Sancho que se de tres mil trescientos azotes para romper el encantamiento, a lo que Sancho se niega.

Los duques en el arte de convencerle con su farsa, don Quijote apelando a su condición, y el personaje que simula ser Dulcinea sacándole las vergüenzas; pero Sancho es mucho Sancho y sólo con el peligro de quedarse sin su ínsula acepta, aunque como veréis quienes os acerquéis a este capítulo, a su manera.

Sancho de nuevo vuelve a maravillar con esa sabiduría escondida a la que tan buen provecho sabe sacar y Cervantes demuestra que cuando se pone a inventar trastadas para Sancho y divertimento con sus frases sabe conseguirlo.

XXXVI.- Capítulo que tiene por un lado la carta que Sancho escribe a su mujer y a la que todos hacen comentarios y por otro la presencia de Trifaldín de la barba blanca, escudero de la condesa Trifaldi, y que requiere los servicios de don Quijote para socorrer a su dama; otra de las chanzas de los duques y que tiene su continuación en el XXXVI.- con la presencia de la dueña Dolorida, como así llaman a la condesa.


XXXVII.- La llegada de la dueña Dolorida hace de prólogo de lo que a continuación se nos va a narrar, mostrando a un Sancho muy en su puesto de fururo gobernador de una ínsula y tomando partido en las decisiones que corresponden a los duques.

XXXVIII.- Acompañada de sus doce dueñas, la condesa Trifaldi, doña Dolorida, expone su presencia y la necesidad de los servicios del caballero y su escudero, cuya fama les precede y sin ellos no podría resolver su problema.

Ella se enrolla, Sancho se desespera  y don Quijote se ofrece.

XXXIX.- Al fin les cuenta una fábula, en la que el gigante Malambruno convierte en figuras de metal a los amantes de su historia, culpa a la dueña de lo ocurrido y hace florecer barbas a las dueñas.

Un nuevo engaño para nuestros amigos, disfrazado de encantamiento, y una nueva broma de los duques que a escondidas rien las ocurrencias de la Trifaldi y su escudero.

XL.- Para romper el encantamiento, Malambruno enviará a don Quijote un caballo de madera, con el que podrá volar sin sentir que lo hace y dirigiéndose a cualquier parte del mundo, deshaciendo así el embrujo y dejando a las dueñas libres de sus barbas.

Sancho, gracioso, se niega a viajar con su amo, para lo que expone todo tipo de excusas. Y es, en estos párrafos, donde podemos volver a reir con sus ocurrencias. Y con una curiosa frase cuya palabra se usaba para decir "ay".

"...que si entra el calor y estas nuestras barbas duran, ¡guay de nuestra aventura!"

XLI.- A la hora convenida aparece el caballo de Malambruno. Sancho convencido de mala manera se monta junto a don Quijote, ambos con los ojos vendados se disponen a volar para cumplir su aventura.

La trama que monta Cervantes en este capítulo, y la burla que los duques han planeado, sale a la perfección. El relato nos devuelve a las aventuras disparatadas a las que ya nos tenía desacostumbrados, pero mantiene fiel el espíritu del nuevo Sancho, que metido en su papel dice haber visto a sus cabritillas.

"Sancho, pues vos queréis que se os crea lo que habéis visto en el cielo, yo quiero que vos me creáis a mí lo que vi en la cueva de Montesinos. Y no os digo más".

XLII.- Los duques siguen forzando la burla y es el turno de darle la ínsula a Sancho, para lo cual le visten mitad letrado mitad militar, pues ambas, le dicem son las disciplinas con las que tendrá que impartir justicia y defender lo suyo, y a los suyos, de los ataques de los codiciosos.

Don Quijote por su parte le instruye sobre la humildad con la que tiene que desempeñar su cargo y le da consejos para cumplir su cometido; con estos parece querer establecer Cervantes las que deberían ser leyes de igualdad para toda la humanidad.

XLIII.- Pero es aquí donde continúa desgranando las pequeñas cosas de las que tiene que huir, su comportamiento, su presencia y sobre todo, dejar de una vez por todas de soltar tantos refranes sin sentido e inoportunamente, pues no sea que se vuelvan en su contra.

De la seriedad del capítulo anterior pasamos a un divertido debate, en el que ambos exponen sus criterios y como no, don Quijote se desespera. Como ya nos tiene acostumbrados don Miguel, sus distintos tipos de narración y sus diálogos hacen que este episodio tenga un especial significado en el conjunto de estas aventuras.


XLIV.- Sancho va en busca de tomar posesión de la ínsula y don Quijote se queda triste y abatido. Le extraña y ni las dulces palabras de la duquesa le cambian el ánimo. Retirándose a su alcoba y sin poder conciliar el sueño, escucha bajo su ventana como dos mujeres tocan el arpa y le dedican  unos versos con palabras de enamorada. A don Quijote, el recuerdo de Dulcinea y la soledad de verse sin Sancho, le invitan a la reflexión.

La narración muestra a la perfección la tristeza del hidalgo y marca un descanso para, en lo siguiente, acudir a las aventuras que protagonizará Sancho.


XLV.- Sancho toma posesión de su ínsula, Barataria lleva por nombre y allí le recibes sus pobladores. Las reglas ante la toma de posesión le hacen pasar una prueba para ver si sus nuevos vecinos le respetan o le detestan. Ante él acuden algunos con sus disputas y tiene que poner orden y hacer justicia. 

Para asombro de todos sale bien parado de todas ellas, pues ya conocemos como se las gasta Sancho. Si se querían reir del pobre escudero con el engaño de la ínsula, se quedaron con las ganas sorprendidos por sus respuestas; y nosotros divertidos con este relato.

XLVI.- Mientras tando don Quijote se dispone a dar una serenata, laud en mano, a la doncella enamorada Altisidora. Los duques le preparan otra broma, esta vez con cencerros y gatos que por el estruendo ocasionado piensa nuestro hidalgo que le atacan mil endemoniados. Y ya sabemos como acaban estas cosas, don Quijote espada en mano y un gato clavándole las uñas en el rostro.

Como dice el final del episodio, dejemosle en la cama y volvamos con las andanzas de Sancho Panza y su gracioso gobierno.

XLVII.- Es la hora de satisfacer el estómago y la mejor hora para Sancho, pero con lo que no cuenta es con los impedimentos que le pone un médico que le asiste por ser gobernador. A cada plato que intentar hincarle el diente, el médico lo aparta con una vara y los sirvientes se lo llevan; dice velar por su salud y que los alimentos que le han servido no son buenos.

Os podéis imaginar que Sancho le manda encerrar, pero una carta del duque le vuelve a interrumpir su almuerzo: la amenaza de una banda de delincuentes que incluso pueden envenenarle la comida.

Es su primer día como gobernador y la burla está repleta de situaciones para llevarnos a la risa, aunque alguno de los actores de esta farsa ve peligrar sus huesos por los enfados de Sancho.

XLVIII.- Pero volvamos con don Quijote. En su larga estancia en cama recibe la visita de la señora doña Rodríguez, la dueña de honor de la duquesa, a tan altas horas que le previene de que sus intenciones no pueden ser correspondidas tal es su amor por la bella Dulcinea.

Aclarada la confusión le relata sus pesares por el agravio que recibe su hija y le pide que intermedie con el duque. Pero al final todo queda en una extraña sensación de haberle parecido un sueño por las fiebres, aunque el narrador ya nos avisa de que continuará este capítulo más adelante.

Un descanso después de varios episodios divertidos y que abren nuevas aventuras para el hidalgo y quién sabe si para Sancho Panza.

XLIX.- Sancho panza sale de ronda por su ínsula y por sus calles se va encontrando con todo tipo de gente a los que va pidiendo cuentas de lo que hacen y a dónde se dirigen, imparte justicia, escucha historias y habla como si fuese otro en el que habita en su piel desde que es gobernador. Tanto que los escribanos y el médico que le acompañan en esta aventura se sienten atraidos y respetuosos por el cambio del escudero.

Y es verdad, Sancho parece otro en esta segunda parte y con esta aventura parece haberse transformado un poco más. Una pena que estén a punto de acabarse los episodios de la ínsula y la farsa hurdida por los duques.

L.- Aclarado el misterioso suceso que terminó con la paliza recibida por la señora doña Rodríguez, la duquesa envía un paje a casa de Teresa Panza y Sanchica con el fin de llevarles unas cartas y unos regalos de Sancho, como también de su parte. En ella les habla de lo grata que es la amistad con el nuevo gobernador de la ínsula Barataria. El revuelo que montan en el pueblo llega a oídos del cura, que puesto al corriente duda mucho que todo lo que le cuentan no sea otro encantamiento de don Quijote.

Destaca en el habla de Teresa Panza y Sanchica el mismo gusto por los refranes, un asunto de familia dicen el paje y el cura. Y es cierto, parece estar escuchando al mismo Sancho enredándose con sus palabras; pero eso sí, con la misma gracia a la que nos tiene acostumbrados.

LI.- Los progresos de Sancho son tantos en su ínsula que ya los conocen como "Las constituciones del gran gobernador Sancho Panza". Para todo tiene remedio por mucho que el dilema que se le presenta sea dificultoso. Aplica los consejos que le diera don Quijote antes de partir y así consigue mostrarse justo con todo el mundo, aunque cuando tiene que ponerse serio también lo hace, no deaprovechando la ocasión para desterrar por una temporada a todo aquel que no cumple con sus normas de convivencia.

Son muchas las frases que encierra este capítulo. En cartas que se envían don Quijote y Sancho Panza, se reflejan  algunas que bien podrían ser normas de buenas costumbres en nuestros días, y otras que dan ejemplo de cómo se debe gobernar.

Sancho no está del todo contento, pues aunque el cargo de gobernador le gusta es el escaso disfrute de las comidas impuestas por el doctor Pedro Recio lo que no le convence, pues él había pensado más en disfrutar de más comidas calientes y bebidas frías. Pero la broma debe incluir también este castigo y no sería de extrañar que en cualquier momento dejase todo de lado para poder darse un buen banquete.

LII.- A don Quijote le reclama la señora doña Rodríguez para que haga justicia con el mozo que no quiere casarse con su hija, los duques reconociendo en ella a la dueña Dolorida no saben si se trata del mismo juego en el que están todos compinchados o es fruto también de un encantamiento. El enredo y las risas van en aumento con las cartas que Teresa Panza envía a la duquesa y a Sancho y en las que narra el alborozo en el que se encuentra y las ganas de viajar para estar junto a él.

Los distintos lenguajes usados en las cartas y los disparates que hay en ellas son dignos de un sainete, como bien sabe poner en escena Cervantes.

LIII.- Después de los diez días de gobierno Sancho deja la ínsula, por ver que no está hecho para él el cargo que se le regaló y porque verdaderamente echa de menos a su rucio, su libertad, su azada y sus cabras. Y porque sabe que mejor que con su familia y su hidalgo caballero no va a estar mejor en mingún otro sitio.

Un Sancho más maduro en sus razonamientos inicia la parte final de estas aventuras, en las que doy por seguro que volveremos a encontrarnos con su desparpajo y sus sabias, aunque alocadas, palabras.

LIV.- En su camino de vuelta, para encontrarse con los duques y su señor don Quijote, Sancho se encuentra con su vecino Ricote que tuvo que abandonar su pueblo, acatando la ley que hizo el rey para expulsar a los moros de la península. 

Cervante da aquí un repaso a las gentes que tuvieron que dejar su casa aun habiendo nacido en ella y teniendo todo el derecho a ello. Arremete contra tal injusticia y deja que ambos vecinos se cuenten su peregrinar.

Sancho vuelve a declamar contra el poco beneficio y mucho riesgo de ser gobernador y del hambre que ha pasado por culpa del docrtor Pedro Recio.

LV.- Las aventuras no cesan para Sancho y tras haberse entretenido más de la cuenta conversando con su vecino tuvo que hacer noche en una cueva. Con tan mala suerte que cayó junto a su rucio al fondo de ella y quedo atrapado a oscuras y sin salida a la vista. Pero quiso la providencia que don Quijote, que había salida para otros menesteres que acontecerán más adelante, oyera sus quejidos y le socorriera.

De vuelta al castillo rinde cuentas a los duques de sus días como gobernador y de los motivos que le han hecho abandonar la ínsula.

Un cambio de registro más narrativo y textos que transmiten tristeza en la figura de Sancho, se mezclan con lo que puede acontecer ahora que los dos amigos se encuentran juntos de nuevo.

LVI.- Y para alegrar este encuentro Cervantes nos regala un duelo a caballo y lanza, en el que el honor de la hija de la doña Rodríguez está en juego. Si el contrincante de don Quijote pierde se habrá de casar con la joven, si gana quedará en libertad. En ambos casos nuestro caballero habrá cumplido con la promesa que dio, sin saber los duques si era cierta o formaba parte de la trama que entre todos habían ideado como broma.

LVII.- Después de una temporada ociosa en el castillo de los duques, se despiden de todos poniendo camino a Zaragoza, pero antes de partir escuchan los reproches de la enamorada Altisidora, que con mucha gracia culpa a don Quijote de haberle robado unas ligas y tocadores.

Sin duda, Cervantes sabe cerrar un episodio tan extenso de la mejor manera posible, con humor.

LVIII.- Disfrutan de su ansiada libertad y de la conversación de cuanto han vivido en los últimos días cuando se les aparecen dos bellas doncellas que les invitan a conocer a un grupo de gente. Entre su discurso de agradecimiento se meten las réplicas de Sancho, don Quijote se enfada y en un ataque de locura empieza a hacer de las suyas. Quiere el destino que aparezca una manada de toros que iban a ser lidiados y terminen con los huesos en el suelo. 

Da gusto reencontrarse con las desventuras típicas del Quijote después de tantos capítulos y con esas palabras suyas que todo lo ensalzan, aunque como siempre son los refranes mal dichos de Sancho quien se lleva la palma en la conversación.

LIX.- Camino de Zaragoza encontramos a un don Quijote desanimado y a un Sancho que no ve la hora de darle gusto al estómago. Así llegan a una venta donde conocen a unos caballeros que están leyendo la segunda parte del Quijote, concebida por un escritor aragonés. Después de saber lo que en ella narra jura buscarle para batirse en duelo con él.

Cervantes aprovecha para poner de vuelta y media al escritor, al que cataloga de "historiador moderno".

LX.- Don Quijote piensa que sus males están ocasionados por la desvergüenza de Sancho al no haberse aplicado los azotes de su penitencia, y como ve que el escudero no tiene intención de cumplir con ella se dispone a solucionarlo siendo él quien se los aplique. Ambos se pelean y todo queda en una nueva promesa.

Tras este suceso son asaltados por un grupo de bandoleros encabezados por Roque Guinart y se ven envueltos en una aventura acompañando a una joven que ha disparado a su futuro marido.


Una historia de bandoleros, muy frecuentes en la Barcelona de la época, y un posible homenaje a ellos dadas las amistades y simpatías que tenía Cervantes con quienes habían sufrido sus mismas aventuras, y en los que veía grandes similitudes con su caballero andante.


LXI.- Guiados y protegidos por los bandoleros llegan a Barcelona y contemplan por primera vez en su vida el mar. Allí también encuentran el sonido de la artillería desde el mar y la respuesta de los ciudadanos desde las murallas y la playa. Así son recibidos en su nueva aventura por los seguidores y amigos de Roque Guinart.

LXII.- Alojados en la casa de don Antonio Moreno son agasajados por los vecinos interesados por sus andanzas. Mientras Sancho vive a cuerpo de rey, como ya lo hiciera en los episodios de las bodas de Camacho o en el castillo del Duque, y da rienda suelta a su imaginación y buen manejo de la oratoria; don Quijote se pasea para que todo el mundo pueda conocerle, ayudado, eso sí, por un cartel donde se anunciaba "Éste es don Quijote de la Mancha".

El capítulo pasa, entre un curioso busto que responde a cuanto se le pregunta, una farsa preparada por don Antonio para su entretinimiento, y una visita que realizan a una imprenta, en la que, como no puede faltar, Cervantes vuelve a arremeter contra la impresión de la Segunda parte del Ingenioso Hidalgo don Quijote de la Mancha escrita por un vecino de Tordesillas. 

LXIII.- En su estancia, visitan las galeras y embarcados en una de ellas se hacen a la mar, donde, tras la impresión que se lleva Sancho al comprobar que los remos se movían a golpe de latigazos sobre los cuerpos desnudos de unos infelices, tienen la fortuna de perseguir un barco pirata tripulado por turcos.

En su abordaje descubren el disfraz de una mujer morisca quien les relata una historia de la que don Quijote y Sancho darán fe, al conocer al padre de la criatura; y tras la cual se verán comprometidos a poner a salvo la vida de un hombre cautivo por el rey de Argel.

Relata aquí Cervantes sucesos que seguro conoció bien durante su largo cautiverio y que ponen de manifiesto la gran documentación que tuvo de primerísima mano, conocimientos que aprovecha en más de una ocasión a lo largo de estas sus aventuras.

LXIV.- Como reza en la entrada de este capítulo esta aventura es la que más pesadumbre dió a don Quijote de cuantas hasta entonces le habían sucedido, y no es para menos, porque en un paseo por la playa se le acerca un jinete que dice llamarse el Caballero de la Blanca Luna, quien le reta. El castigo para el perdedor será renunciar sobre la belleza de su amada y retirarse durante un tiempo. El desenlace no os lo cuento, pero si diré que en lo siguiente conoceremos quien se encuentra bajo su disfraz.

LXV.- El Caballero de la Blanca Luna se deshace de su disfraz y aparece confesando a Antonio Moreno ser también él quien se esconde tras la apariencia del Caballero de los Espejos. Para más señas de su identidad el lector ya habrá caído en la cuenta de que el bachiller Sansón Carrasco, en su empeño de enderezar a don Quijote y hacerle volver a su retiro, es el verdadero nombre a quien hay que atribuir los últimos duelos. Tras su confesión y el mensaje de haber arribado a puerto Ricote y su hija, queda don Quijote libre de viajar a Berbería, abandonando Barcelona.

LXVI.-  Afligidos por la marcha, vuelven las conversaciones en el camino y una nueva disputa que han de resolver, y en la que Sancho demuestra grandes dotes de personaje justo, ante el asombro de quienes les solicitaron justicia. No así don Quijote al que le gustan los nuevos modales adquiridos y su forma de hablar que a saber quién le habrá transmitido. Al lector tampoco le sorprenderán, pues a estas alturas de la segunda entrega Sancho ha ganado en todos los sentidos, como así lo deja patente Cervantes en las palabras de don Quijote.


LXVII.- ¡Cuidado!, parece otro don Quijote, que Cervantes nos lo ha cambiado.

No se sabe si por el cansancio acumulado en tantas aventuras, por querer pasar sus días en plena contemplación, que se quiere hacer pastor y cuidar de las ovejas. Y para ello no quiere a su lado solamente a Sancho, sino también al bachiller, al cura, al barbero y a unas cuantas mozuelas, "pastoras de quien hemos de ser amantes"; toda una alucinación que Sancho comparte con gusto y con un sinfin de refranes, a los que don Quijote da la réplica.

LXVIII.- Cae la noche  y mientras Sancho duerme como un bendito, don Quijote le vela, componiendo poemas y despertando a su compañero a quien pide se aplique los azotes que debe para sacar a Dulcinea de su encantamiento. De nuevo la conversación es la protagonista del capítulo, donde la seriedad de uno choca con la gracia de las respuestas del otro. Uno de esos episodios que enganchan a escuchar a esta pareja tan bien avenida.

Al cierre, una nueva aventura se presta a entrar en escena cuando son apresados por unos hombres armados que les llevan al castillo del Duque.

LXIX.- En el castillo se encuentra, postrada en una cama, Altisidora. Muerta, según canta un mancebo vestido a la romana, por la crueldad de don Quijote, y en espera que para romper el hechizo Sancho se deje hacer, se le pinche y se le pellizque. El cuadro representado recuerda a otros teatros preparados por los duques y éste parece estar destinado a convencer a Sancho del poder de su sacrificio para volver a la vida a quien pretenda o incluso deshacer encantamientos si se deja azotar.

Vuelve el tono jocoso de aquellos capítulos protagonizados por los duques y donde la participación de un montón de personajes figurantes crean escenas dignas de las mejores representaciones y la inventiva de Cervantes fluye de nuevo para arrancarnos una sonrisa.



20 comentarios :

  1. Los últimos meses se me hicieron un poco pesados por lo que de momento no voy a seguir con el segundo libro.
    Ánimo!
    Besos

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    1. A mí también me ha costado en algún momento, pero ya que he empezado prefiero terminarlo, porque como lo deje ahora es muy difícil que lo vuelva a coger,
      besucus

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  2. ¿Vas a capitanear tú la lectura? Opino igual que tú, si no sigo ahora no creo que lo retome más adelante... así que si me "guías", me apunto. :)
    Un besote

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    1. No he pensado nada en especial, solamente tomarlo como un reto personal y dar continuidad a la lectura de la segunda parte, que cada uno anuncie o programe entradas a su gusto y sin agobios,
      besucus

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    2. Voy a seguir con la lectura. Seguiremos cabalgando con nuestro querido caballero de la Triste Figura. Un besito

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    3. Veremos hacia que tierras nos lleva y estaremos preparados para desfacer entuertos,
      besucus

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  3. ¿Lo propones tú esta vez? Pues te sigo! Que tenía ganas de releer ahora esta segunda parte. Después de haberlo hecho con la primera, me parecía dejar a nuestro caballero en la estacada. ¿Dejas libertad de día entonces para reseñar?
    Besotes!!!

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    1. Libertad total, lo que si aconsejo es no irlo dejando, procurando llevar los capítulos adelante sin importar si reseñamos varios de vez en cuando, cada uno a su ritmo; ya os iré preguntando como lo llevamos para que no nos durmamos ninguno,
      besucus

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    2. De acuerdo. Yo intentaré seguir el mismo ritmo, aunque al ser más largo, en vez de un capítulo por semana, me animaré con dos.
      Besotes!!!

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    3. Esa es la idea, 3 capítulos cada 15 días aproximadamente, no son muy largos y se puede realizar perfectamente
      besucus

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  4. Eres muy valiente. Me parece estupendo que leáis el Quijote... Yo intenté hacerlo el año pasado por libre y no lo conseguí. Besos.

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    1. A pequeños sorbos se lleva bien, incluso diría que se saborea mejor,
      besucus

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  5. Me uno al reto, que ahora que empecé no quiero dejarlo a medias. Y así entre más en más divertido :-)
    Un abrazo!

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    1. Gracias por unirte, seguro que lo disfrutamos,
      besucus

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  6. A por ellos!!! A por los capítulos, se entiende.
    :)

    Yo voy a intentarlo también, que después de leer la primera parte, oye, se coge el punto, ¿verdad?
    Pues nos vamos leyendo!
    Saludos!!!

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    1. Sí, es un reto personal que merece la pena terminarlo,
      besucus

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  7. Yo también me animo. Es cierto que el año pasado al final se me hizo un poco pesado pero si no continúo ahora no lo haré nunca. No sé aún cómo lo haré para distribuirlos, ya te contaré. Nos leemos !
    Besos.

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    1. Yo me he marcado un planning para cada cinco días, y si alguna vez no cumplo no cuesta mucho leer dos capítulos seguidos, el caso es no dejarlo y tener una visión global de la novela,
      besucus

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    2. Dicho y hecho !! He publicado el post y mi intención es leer, como sea..., 7 capítulos mensuales publicando en el resumen mensual de lecturas que hago. Besos.
      http://entremislibrosyo.blogspot.com.es/2015/01/reto-en-2015-leemos-el-quijote-2-parte.html

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    3. Perfecto, gracias por acompañarnos,
      besucus

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