Sinopsis
Una oscura noche de 1877, en el pueblo de Candás, Asturias, los niños Marina y Silverio pierden a sus respectivos padres en la mar. Él se pondrá a faenar como pescador para mantener a su madre y sus hermanos. Ella, inteligente y despierta, continuará en la escuela y ayudará a su amigo a seguir educándose. Pero Marina también tendrá que abandonar pronto los libros, su gran pasión, para trabajar en una fábrica de conservas.
Silverio emigra a Cuba para hacer fortuna y Marina, ocultándole su amor, se queda en el pueblo sirviendo como criada. La isla caribeña, destino de las esperanzas e ilusiones de miles de asturianos, es un paraíso luminoso y lleno de oportunidades, pero también un lugar duro en el que el joven se dejará la piel para salir adelante. Cuando vuelva a Candás lo hará para buscar esposa, pero no entra en los planes del destino que su vida y la de Marina se unan…
María Teresa Álvarez ha escrito esta deliciosa novela, en la que evoca con detalle un siglo XIX colonial y la dureza de la vida de las gentes de la mar, como homenaje a su tierra y a todos los hombres y mujeres que abandonaron sus hogares por la promesa de una volátil fortuna.
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Desde un pueblo de pescadores donde la mar es el único sustento y para muchos su tumba, se recrea esta historia de sueños, de supervivencia y de familias rotas, que en el mejor de los casos sólo los años pueden volver a unir.
Por el camino nos haremos eco del amor que se profesan dos niños, Marina y Silverio, que crecieron entre el recuerdo de los seres queridos, la vida de las gentes del pueblo de Candás y la actividad que se desarrollaba en las conserveras, motor de una población orgullosa de sus raices. Aunque los desastres naturales y las víctimas que se cobraba la mar hacían que muchos de ellos se planteasen un futuro al otro lado del charco, allá de donde siempre llegaban noticias de emprendedores españoles que volvían con fortuna y que recibían con respeto el nombre de indianos.
Todo en la novela evoca con mimo una época que ha dejado huella. La acertada narración de la autora, con un ritmo lento que hace recrearse en su lectura, las descripciones de cuanto rodea a los personajes y una trama con sobresaltos que al mismo tiempo nos da a conocer un momento histórico en la península y en las costas cubanas.
Natural de Candás, María Teresa crea unos personajes con los que se siente a gusto, todos ellos son un fiel reflejo de las historias que todavía se narran en su pueblo, de gentes que siempre han existido en su imaginación y a los que ahora ha dado vida en este relato lleno de guiños a sus paisanos y a un pasado que existió.
La emigración hacia Cuba era un viaje repleto de calamidades, hacinamiento e insalubridad, pero el precio que había que pagar era poco para huir de las circunstancias políticas en España, donde gobernaba el partido liberal de Sagasta. Tampoco eran buenas las noticias en la isla tras el incidente americano en el puerto de La Habana, motivo por el que Estados Unidos nos declaró la guerra.
La tierra de las oportunidades se ve reflejada de manera brillante por la autora y contribuye a esa imagen el personaje de Magdalena Sánchez de Castro; una mujer que conoce Silverio en el barco y que le mostrará el camino del éxito, aunque él siempre recordará con tristeza todo lo que dejó atrás.
Un viaje de ida y vuelta que es un homenaje al recuerdo de muchos seres anónimos que fueron héroes, bien porque sacaron a sus familias adelante en las peores condiciones o porque cumplieron su sueño, aunque éste muchas veces solamente fue el de volver a contemplar las olas que azotaban las costas que les vieron nacer.
Me he dejado llevar por la historia con el mismo placer que tuve al leer otras obras biográficas de la autora, mujeres con fuerza como La infanta Paz de Borbón o La comunera de Castilla, aprendiendo, pero sobre todo, con el mismo deleite que siempre me supone adentrarme en su narrativa sabiendo que no me va a defraudar.
Por el camino nos haremos eco del amor que se profesan dos niños, Marina y Silverio, que crecieron entre el recuerdo de los seres queridos, la vida de las gentes del pueblo de Candás y la actividad que se desarrollaba en las conserveras, motor de una población orgullosa de sus raices. Aunque los desastres naturales y las víctimas que se cobraba la mar hacían que muchos de ellos se planteasen un futuro al otro lado del charco, allá de donde siempre llegaban noticias de emprendedores españoles que volvían con fortuna y que recibían con respeto el nombre de indianos.
Todo en la novela evoca con mimo una época que ha dejado huella. La acertada narración de la autora, con un ritmo lento que hace recrearse en su lectura, las descripciones de cuanto rodea a los personajes y una trama con sobresaltos que al mismo tiempo nos da a conocer un momento histórico en la península y en las costas cubanas.
Natural de Candás, María Teresa crea unos personajes con los que se siente a gusto, todos ellos son un fiel reflejo de las historias que todavía se narran en su pueblo, de gentes que siempre han existido en su imaginación y a los que ahora ha dado vida en este relato lleno de guiños a sus paisanos y a un pasado que existió.
La emigración hacia Cuba era un viaje repleto de calamidades, hacinamiento e insalubridad, pero el precio que había que pagar era poco para huir de las circunstancias políticas en España, donde gobernaba el partido liberal de Sagasta. Tampoco eran buenas las noticias en la isla tras el incidente americano en el puerto de La Habana, motivo por el que Estados Unidos nos declaró la guerra.
La tierra de las oportunidades se ve reflejada de manera brillante por la autora y contribuye a esa imagen el personaje de Magdalena Sánchez de Castro; una mujer que conoce Silverio en el barco y que le mostrará el camino del éxito, aunque él siempre recordará con tristeza todo lo que dejó atrás.
Un viaje de ida y vuelta que es un homenaje al recuerdo de muchos seres anónimos que fueron héroes, bien porque sacaron a sus familias adelante en las peores condiciones o porque cumplieron su sueño, aunque éste muchas veces solamente fue el de volver a contemplar las olas que azotaban las costas que les vieron nacer.
Me he dejado llevar por la historia con el mismo placer que tuve al leer otras obras biográficas de la autora, mujeres con fuerza como La infanta Paz de Borbón o La comunera de Castilla, aprendiendo, pero sobre todo, con el mismo deleite que siempre me supone adentrarme en su narrativa sabiendo que no me va a defraudar.
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