Sinopsis
En los márgenes del río Baztán, en el valle de Navarra, aparece el cuerpo desnudo de una adolescente en una circunstancia que lo relacionan con un asesinato ocurido en los alrededores un mes atrás.
La inspectora de la sección de homicidios de la policía foral, Amaia Salazar, será la encargada de dirigir una invesitgación que la llevará de vuelta a Elizondo, una pequeña población de la que es originaria y de donde ha tratado de huir toda su vida. Enfrentada con las cada vez más complicadas derivaciones del caso y con sus propios fantasmas familiares, la investigación de Amaia es una carrera contrarreloj para dar con un asesino que puede mostrar el rostro más aterrador de una realidad brutal al tiempo que convocar a los seres más inquietantes de las leyendas del Norte.
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Amaia Salazar, basajaun, Mari, Belagile, Elizondo, Baztán, txantxigorri..., son algunos de los nombres que quedarán unidos a esta lectura. Como también lo son sus personajes, bien definidos, formando un cuadro de secundarios que atrapan por su pesonalidad y características. Es en ellos donde la narrativa de Dolores gana enteros, más allá de la trama que nos plantea.
La aparición en el valle de Baztán de una serie de víctimas adolescentes, dejan a la vista el trabajo minucioso y sicópata de alguien que en la prensa es bautizado como basajaun e innumerables pistas tras de sí, pero ninguna que apunte a su identidad ni al lugar donde comete sus horribles crímenes.
Las supersticiones y la mitología vasco-navarra, que ya apuntaba el padre José Miguel de Barandiarán en sus ensayos y que he podido disfrutar alternando la lectura con su obra Mitología del Pueblo Vasco, se mezclan en una investigación policial a cargo de Amaia Salazar. La inspectora, que conoce el lugar donde transcurren los hechos, por ser este su pueblo natal, tiene que volver al pasado, recordar momentos duros de su niñez, enfrentarse a sus propios fantasmas y sufrir constantes pesadillas que intentará descifrar.
La percepción de un macabro juego en el que el asesino no violenta a las víctimas, sino que sólo quiere alejarlas del pecado, y los escenarios del bosque donde transcurren, dotan al relato de una atmósfera de misterio que se contagia del silencio y nos predispone al sobresalto y a la fantasía que las tierras del norte de España son capaces de transmitirnos.
El elaborado trabajo de localizaciones invita al lector a convertirse en paseante, a dejarse sorprender por sus caminos, a sentir el miedo a lo desconocido, o a creerse vigilado por un guardián invisible que proteje el bosque, a quienes lo visitan o habitan. No es casual que quienes han reseñado esta novela o los que han tenido la suerte de haber hecho alguna ruta por la zona, coincidan en recomendar una escapada.
La investigación minuciosa y con elementos tecnológicos que la dan más credibilidad, es solamente interrumpida por las desavenencias familiares. Una carrera de fondo con una meta sin definir. Las causas, los verdugos y las víctimas, se confunden en cada página, encontrando tantos culpables como sospechas y sorprendiéndonos con un final que estaba ahí y que un servidor no supo o no quiso ver.
La tranquilidad del lenguaje utilizado y la paz transmitida en cada línea nos hace olvidar que estamos ante crímenes y en un espacio lleno de misterio.Las palabras se convierten en sensaciones con las que poder escuchar las aguas del río, el baile de las ramas de los árboles y los suaves sonidos del bosque.
La mitología, una de las señas de identidad de esta trilogía, atrapa con la sencillez de los cuentos, y con la certeza de estar conociendo una parte importante de nuestra historia: las creencias de un pueblo, que aun siendo religioso, siempre tuvo la necesidad de protegerse de lo desconocido con algo más que sus plegarias.
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La aparición en el valle de Baztán de una serie de víctimas adolescentes, dejan a la vista el trabajo minucioso y sicópata de alguien que en la prensa es bautizado como basajaun e innumerables pistas tras de sí, pero ninguna que apunte a su identidad ni al lugar donde comete sus horribles crímenes.
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| Mitología del Pueblo Vasco José Miguel de Barandiarán (Deia) |
La percepción de un macabro juego en el que el asesino no violenta a las víctimas, sino que sólo quiere alejarlas del pecado, y los escenarios del bosque donde transcurren, dotan al relato de una atmósfera de misterio que se contagia del silencio y nos predispone al sobresalto y a la fantasía que las tierras del norte de España son capaces de transmitirnos.
El elaborado trabajo de localizaciones invita al lector a convertirse en paseante, a dejarse sorprender por sus caminos, a sentir el miedo a lo desconocido, o a creerse vigilado por un guardián invisible que proteje el bosque, a quienes lo visitan o habitan. No es casual que quienes han reseñado esta novela o los que han tenido la suerte de haber hecho alguna ruta por la zona, coincidan en recomendar una escapada.
La investigación minuciosa y con elementos tecnológicos que la dan más credibilidad, es solamente interrumpida por las desavenencias familiares. Una carrera de fondo con una meta sin definir. Las causas, los verdugos y las víctimas, se confunden en cada página, encontrando tantos culpables como sospechas y sorprendiéndonos con un final que estaba ahí y que un servidor no supo o no quiso ver.
La tranquilidad del lenguaje utilizado y la paz transmitida en cada línea nos hace olvidar que estamos ante crímenes y en un espacio lleno de misterio.Las palabras se convierten en sensaciones con las que poder escuchar las aguas del río, el baile de las ramas de los árboles y los suaves sonidos del bosque.
La mitología, una de las señas de identidad de esta trilogía, atrapa con la sencillez de los cuentos, y con la certeza de estar conociendo una parte importante de nuestra historia: las creencias de un pueblo, que aun siendo religioso, siempre tuvo la necesidad de protegerse de lo desconocido con algo más que sus plegarias.
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