Sinopsis
Gonzalo Gil es un abogado metido en una vida que le resulta ajena, en una carrera malograda que trata de esquivar la constante manipulación de su omnipresente suegro, un personaje todopoderoso de sombra muy alargada. Pero algo va a sacudir esa monotonía.
Tras años sin saber de ella, Gonzalo recibe la noticia de que su hermana Laura se ha suicidado en dramáticas circunstancias. Su muerte obliga a Gonzalo a tensar hasta límites insospechados el frágil hilo que sostiene el equilibrio de su vida como padre y esposo. Al involucrarse decididamente en la investigación de los pasos que han llevado a su hermana al suicidio, descubrirá que Laura es la sospechosa de haber torturado y asesinado a un mafioso ruso que tiempo atrás secuestró y mató a su hijo pequeño.
Pero lo que parece una venganza es solo el principio de un tortuoso camino que va a arrastrar a Gonzalo a espacios inéditos de su propio pasado y del de su familia que tal vez hubiera preferido no afrontar. Tendrá que adentrarse de lleno en la fascinante historia de su padre, Elías Gil, el gran héroe de la resistencia contra el fascismo, el joven ingeniero asturiano que viajó a la URSS comprometido con los ideales de la revolución, que fue delatado, detenido y confinado en la pavorosa isla de Nazino, y que se convirtió en personaje clave, admirado y temido, de los años más oscuros de nuestro país.
Una gran historia de ideales traicionados, de vidas zarandeadas por un destino implacable, una visceral y profunda historia de amor perdurable y de venganza postergada; un intenso thriller literario que recorre sin dar respiro la historia europea.
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Un cruel asesinato, una posible culpable que se suicida y una investigación con muchas ganas de cerrarse antes de tiempo, son los primeros compases de esta novela. Las primeras gotas con las que nos encontramos y un vaso inmenso que rellenar con los diferentes personajes de esta trama. Laura se ha ido dejando su pasado atrás. Una vida dedicada a luchar contra los crímenes infantiles, y el recuerdo de la inocencia de su hijo asesinado, cuando había conseguido estrechar el cerco a las mafias rusas establecidas en Barcelona.
Pero su historia está llena de incognitas y su hermano Gonzalo se empeñará en ir uniendo los pequeños detalles, los escasos recuerdos de su infancia y la historia que un día protagonizó su padre en la Unión Sovietica, cuando era un joven estudiante de ingeniería y su vida giró ciento ochenta grados al ser acusado de espionaje y saboteador. Los duros años que pasó malviviendo en la estepa rusa, donde tuvo que enfrentarse a los horrores impuestos por Stalin, serían sólo el comienzo de una lucha consigo mismo, en la que al igual que sus camaradas de viaje, respirar era una necesidad por la que fueron capaces de hacer cualquier cosa.
Irremediablemente viene a mi cabeza el personaje de Eduardo, en "Respirar por la herida" y una de las frases de la novela:
"Todo el mundo tiene cicatrices. Pero no todo el mundo las merece".
Las primeras gotas las encuentra Gonzalo en una cazadora, una vieja chaqueta de aviador de su madre y, en uno de sus bolsillos, un pequeño portarretratos con una inscripción. En su interior, una fotografía borrosa y en sepia que le empezará a contar la historia que él necesita conocer, y que a nosotros nos servirá para descubrir algunos de los episodios más estremecedores de los años previos a la segunda guerra mundial.
Alternando los capítulos, Víctor nos narra aquellos años con lo que va sucediendo en el presente. Los hechos de una investigación encabezada por unos amigos periodistas que obtienen los datos de un misterioso confidente y tras los cuales conseguirá unir ambos mundos.
El dinero obtenido por las mafias con las drogas, la prostitución infantil y el asesinato, junto al blanqueo efectuado por algunos descendientes del franquismo en inmobiliarias y paraisos fiscales; son alguno de los datos del informante, que les pondrá sobre la pista a Gonzalo y sus colaboradores, y por el que conocerán un entramado que no podrán imaginar y en el que se encontrarán con una historia quizás demasiado grande para ellos.
Como ya nos tiene acostumbrados, la narrativa del autor consigue que nos adentremos en mundos desconocidos, que las dos líneas temporales nos atraigan con la misma fuerza y que la tormenta final se produzca al rebosar el vaso que pacientemente hemos ido llenando.
Y a ello contribuyen dos personajes, cada uno en una época, pero con un espíritu muy parecido por su inquietud ante la injusticia, por su lucha constante por la supervivencia y por la búsqueda de su lugar en este mundo. Padre e hija, Elías y Laura, víctimas de sus ideales y del amor odio del uno por el otro. Porque esta novela también es de amor, que no romántica, y en muchos de sus pasajes podemos acudir a frases llenas de esperanza, donde las lágrimas, a veces, son gotas de felicidad.
Pero su historia está llena de incognitas y su hermano Gonzalo se empeñará en ir uniendo los pequeños detalles, los escasos recuerdos de su infancia y la historia que un día protagonizó su padre en la Unión Sovietica, cuando era un joven estudiante de ingeniería y su vida giró ciento ochenta grados al ser acusado de espionaje y saboteador. Los duros años que pasó malviviendo en la estepa rusa, donde tuvo que enfrentarse a los horrores impuestos por Stalin, serían sólo el comienzo de una lucha consigo mismo, en la que al igual que sus camaradas de viaje, respirar era una necesidad por la que fueron capaces de hacer cualquier cosa.
Irremediablemente viene a mi cabeza el personaje de Eduardo, en "Respirar por la herida" y una de las frases de la novela:
"Todo el mundo tiene cicatrices. Pero no todo el mundo las merece".
Las primeras gotas las encuentra Gonzalo en una cazadora, una vieja chaqueta de aviador de su madre y, en uno de sus bolsillos, un pequeño portarretratos con una inscripción. En su interior, una fotografía borrosa y en sepia que le empezará a contar la historia que él necesita conocer, y que a nosotros nos servirá para descubrir algunos de los episodios más estremecedores de los años previos a la segunda guerra mundial.
Alternando los capítulos, Víctor nos narra aquellos años con lo que va sucediendo en el presente. Los hechos de una investigación encabezada por unos amigos periodistas que obtienen los datos de un misterioso confidente y tras los cuales conseguirá unir ambos mundos.
El dinero obtenido por las mafias con las drogas, la prostitución infantil y el asesinato, junto al blanqueo efectuado por algunos descendientes del franquismo en inmobiliarias y paraisos fiscales; son alguno de los datos del informante, que les pondrá sobre la pista a Gonzalo y sus colaboradores, y por el que conocerán un entramado que no podrán imaginar y en el que se encontrarán con una historia quizás demasiado grande para ellos.
Como ya nos tiene acostumbrados, la narrativa del autor consigue que nos adentremos en mundos desconocidos, que las dos líneas temporales nos atraigan con la misma fuerza y que la tormenta final se produzca al rebosar el vaso que pacientemente hemos ido llenando.
Y a ello contribuyen dos personajes, cada uno en una época, pero con un espíritu muy parecido por su inquietud ante la injusticia, por su lucha constante por la supervivencia y por la búsqueda de su lugar en este mundo. Padre e hija, Elías y Laura, víctimas de sus ideales y del amor odio del uno por el otro. Porque esta novela también es de amor, que no romántica, y en muchos de sus pasajes podemos acudir a frases llenas de esperanza, donde las lágrimas, a veces, son gotas de felicidad.
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