Sinopsis
Leonid Sednev, deshollinador imperial y más tarde pinche de cocina, tenía quince años la noche del 17 de julio de 1918, cuando un grupo de militares de la Revolución bolchevique asesinó brutalmente a la familia imperial rusa. Leonid fue el único superviviente y testigo invisible de la tragedia.
Mucho tiempo después, un Leonid ya anciano decide recomponer sus recuerdos y comienza este relato, desde los ojos del sirviente de la familia imperial, con el que recrea los últimos años del Imperio ruso y el cambio de régimen.
Carmen Posadas nos sumerge, con su habitual maestría, en el fascinante mundo de la familia imperial rusa: luces y sombras de palacio, en un desfile de princesas y deshollinadores, zares y bolcheviques, lujo y miseria.
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Confesión. Esa es la palabra que mejor define el relato que, salpicado de misterio, me ha descubierto la vida de la familia Romanov y el extraño vínculo de afecto que tenía uno de sus sirvientes; un joven deshollinador que crece al amparo de los secretos de un palacio. Son, su sorpresa ante lo que le rodea y su pronta devoción por una de las hijas del zar, Tatiana, lo que le empuja a ir descubriendo cuanto tiene por delante; y yo, como una sombra, me he pegado a él para conocerlas.
Desde las primeras páginas se intuye que lo que está por venir no podrá dejarnos indiferentes: la situación política, las amistades peligrosas de la zarina Alejandra con Rasputín y los vericuetos de una revolución que se ha puesto en marcha. Pero también, nuestro lado más curioso espera encontrar detrás de cada puerta un momento mágico, un secreto o una confidencia.
"Y no solo por curiosidad sana -o malsana-, sino porque no hay en el mundo nada tan apasionante como estudiar a las personas, sobre todo cuando creen que nadie las está observando, y ser algo así como un testigo invisible".
Carmen Posadas sabe manejar los tiempos, cuando parece que te va a hacer partícipe de algo, te hace esperar, recreándose en la ambientación, situándote en el escenario o seduciendo con los diálogos. Va preparando el terreno, captando toda tu atención, para mostrar el desenlace en las mejores condiciones. Se puede decir que su lectura te absorbe y te abstrae de todos los sonidos, convirtiéndote en un espectador privilegiado.
A sus noventa y un años, postrado en una cama de hospital, Leonid nos narra sus vivencias y los recuerdos familiares, el principio de la primera guerra mundial y cómo las mujeres de la familia Romanov se volcaron bien como enfermeras o en otras actividades.
Desde su privilegiado escondite por los conductos de calefacción comparte con nosotros cuanto observa o lo que oye, la educación o las formas tantas veces escuchadas en las conversaciones entre su madre y su tía son un complemento a un aprendizaje diferente y que sabe tiene que aprovechar. Servir es lo que ha vivido desde que nació y sirviendo quiere morir.
La interesante figura de Rasputín es otro de los platos fuertes de esta novela. Su imagen entre ermitaño y vagabundo, sus milagros o curaciones, y la atracción ilógica que sentían las mujeres por él; son alguno de los aspectos que aumentan la intriga hacia este personaje, que tanto influyó en el devenir de la historia de Rusia.
Basado en hechos reales, la novela se centra en el personaje de Leonid, único superviviente de la Casa de Propósito Especial, donde pereció la familia Romanov al completo y cuyo desenlace final es la versión particular de la autora. Basándose en documentación al respecto, dibuja los motivos que llevaron a ese momento histórico, su puesta en escena y las personas que intervinieron en el crimen.
Unos hechos que cambiaron el curso de la Historia, y una historia que merece la pena conocer.
Desde las primeras páginas se intuye que lo que está por venir no podrá dejarnos indiferentes: la situación política, las amistades peligrosas de la zarina Alejandra con Rasputín y los vericuetos de una revolución que se ha puesto en marcha. Pero también, nuestro lado más curioso espera encontrar detrás de cada puerta un momento mágico, un secreto o una confidencia.
"Y no solo por curiosidad sana -o malsana-, sino porque no hay en el mundo nada tan apasionante como estudiar a las personas, sobre todo cuando creen que nadie las está observando, y ser algo así como un testigo invisible".
Carmen Posadas sabe manejar los tiempos, cuando parece que te va a hacer partícipe de algo, te hace esperar, recreándose en la ambientación, situándote en el escenario o seduciendo con los diálogos. Va preparando el terreno, captando toda tu atención, para mostrar el desenlace en las mejores condiciones. Se puede decir que su lectura te absorbe y te abstrae de todos los sonidos, convirtiéndote en un espectador privilegiado.
A sus noventa y un años, postrado en una cama de hospital, Leonid nos narra sus vivencias y los recuerdos familiares, el principio de la primera guerra mundial y cómo las mujeres de la familia Romanov se volcaron bien como enfermeras o en otras actividades.
Desde su privilegiado escondite por los conductos de calefacción comparte con nosotros cuanto observa o lo que oye, la educación o las formas tantas veces escuchadas en las conversaciones entre su madre y su tía son un complemento a un aprendizaje diferente y que sabe tiene que aprovechar. Servir es lo que ha vivido desde que nació y sirviendo quiere morir.
La interesante figura de Rasputín es otro de los platos fuertes de esta novela. Su imagen entre ermitaño y vagabundo, sus milagros o curaciones, y la atracción ilógica que sentían las mujeres por él; son alguno de los aspectos que aumentan la intriga hacia este personaje, que tanto influyó en el devenir de la historia de Rusia.
Basado en hechos reales, la novela se centra en el personaje de Leonid, único superviviente de la Casa de Propósito Especial, donde pereció la familia Romanov al completo y cuyo desenlace final es la versión particular de la autora. Basándose en documentación al respecto, dibuja los motivos que llevaron a ese momento histórico, su puesta en escena y las personas que intervinieron en el crimen.
Unos hechos que cambiaron el curso de la Historia, y una historia que merece la pena conocer.
