Sinopsis
Isabel de Austria, reina de Dinamarca, Suecia y Noruega, fue la más inteligente y cultivada de las hijas de Juana de Castilla (Loca para muchos) y de Felipe el Hermoso.
Educada en la corte de Malinas, es la Desposada de Flandes que, con trece años, encaró su destino entre las brumas bálticas para ser la mujer de Christian II, lograr enamorarlo, apartarlo del adulterio con su bellísima amante y convertirse en la más amada y venerada de las reinas danesas.
Con refinada prosa, el autor narra las vicisitudes de su boda, la vida en una corte nórdica, la pérdida del trono, su exilio en el Flandes que la viera nacer, la lucha por recuperar la corona y su trágico final en plena juventud.
Su relación con Lutero y su muerte, tras ser asistida por un pastor reformado, supuso una terrible conmoción en la corona hispánica. Y no era para menos: la hermana favorita del emperador, adalid de la Contrarreforma y vencedor de los herejes de Mühlberg, moría en las garras del ex fraile de Eisleben.
La historiografía española pasa de puntillas por estos y otros derroteros históricos que ahora nos describe el mejor autor de novela histórica del momento.
Finalista del I Premio Hispania de Novela Histórica
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Para cualquier amante de novela histórica es un placer encontrarse con una novela tan interesante y conocer los entresijos que acontecen más allá de nuestras fronteras. Enredos políticos poco fáciles de entender pero que el autor desmenuza haciéndolo sencillo, tirando de un árbol genealógico que tanto nos cuesta aprender, debido a la prolíficos que fueron nuestros reyes. Dinastías que se enredan con una Europa plagada de acuerdos matrimoniales que no buscaban otra cosa que liderar un amplio mapa; mejor una boda que una guerra.
Pero éstas casi nunca cumplieron su finalidad, pues unas veces acrecentaron más el separatismo y otras se transformaron en verdaderas historias de amor como la que aquí se nos narra. La desconocida nieta de los Reyes Católicos e hija de Juana La Loca, Isabel de Austria, se convirtió en reina de Dinamarca, Suecia y Noruega tras su enlace con Christian II; después, tuvo que enamorarle con su valía y contribuir a que su nuevo país tomase el rumbo que le pertenecía.
La narración de la novela corre a cargo de Christian II en los últimos momentos de su vida, cuando despojado de mujer y reinos, y separado de sus herederos, se recluye para escribir sus recuerdos y lamentar no poder cumplir la promesa que hiciese a Isabel en su lecho de muerte. Un relato en el que nos habla del romance que mantuvo con la joven Dyveque y la importancia que tuvo su madre Sigbrit en el devenir de Dinamarca, gracias a los contactos que ésta tenía y a lo involucrada que siempre estuvo en los asuntos de estado. Una relación que tendrá un peso específico en el desarrollo de su vida con Isabel y que terminará convenciéndole de haber acertado al haberla elegido como esposa.
Conocer a Isabel desde sus primeros pasos, sus juegos con sus hermanos y sus futuras relaciones con parte de la aristocracia más importante de Europa, resulta una investigación apasionante gracias a la crónica novelada que nos ofrece el autor; recorrer con ella parte de la historia del siglo XVI y dar forma a los datos no ha debido ser tarea fácil.
A las grandes luchas por defender o extender territorios, se les unen las complicadas disputas entre la Iglesia Luterana y el papado de Roma, las deudas económicas que todos los reinos de Europa pactaban con los bancos en manos de los hebreos o las relaciones familiares que usurpaban reinos a manos de los ejércitos.
Isabel, culta, inteligente, bella, comprensiva, moderna..., una vida corta pero intensa. Una lectura que me ha dejado con ganas de dos cosas: leer algo de la vida de Margarita de Parma (la que desempeñó la labor de madre de Isabel), y repetir con otras obras del autor, seguro que no me decepcionan.
Pero éstas casi nunca cumplieron su finalidad, pues unas veces acrecentaron más el separatismo y otras se transformaron en verdaderas historias de amor como la que aquí se nos narra. La desconocida nieta de los Reyes Católicos e hija de Juana La Loca, Isabel de Austria, se convirtió en reina de Dinamarca, Suecia y Noruega tras su enlace con Christian II; después, tuvo que enamorarle con su valía y contribuir a que su nuevo país tomase el rumbo que le pertenecía.
La narración de la novela corre a cargo de Christian II en los últimos momentos de su vida, cuando despojado de mujer y reinos, y separado de sus herederos, se recluye para escribir sus recuerdos y lamentar no poder cumplir la promesa que hiciese a Isabel en su lecho de muerte. Un relato en el que nos habla del romance que mantuvo con la joven Dyveque y la importancia que tuvo su madre Sigbrit en el devenir de Dinamarca, gracias a los contactos que ésta tenía y a lo involucrada que siempre estuvo en los asuntos de estado. Una relación que tendrá un peso específico en el desarrollo de su vida con Isabel y que terminará convenciéndole de haber acertado al haberla elegido como esposa.
Conocer a Isabel desde sus primeros pasos, sus juegos con sus hermanos y sus futuras relaciones con parte de la aristocracia más importante de Europa, resulta una investigación apasionante gracias a la crónica novelada que nos ofrece el autor; recorrer con ella parte de la historia del siglo XVI y dar forma a los datos no ha debido ser tarea fácil.
A las grandes luchas por defender o extender territorios, se les unen las complicadas disputas entre la Iglesia Luterana y el papado de Roma, las deudas económicas que todos los reinos de Europa pactaban con los bancos en manos de los hebreos o las relaciones familiares que usurpaban reinos a manos de los ejércitos.
Isabel, culta, inteligente, bella, comprensiva, moderna..., una vida corta pero intensa. Una lectura que me ha dejado con ganas de dos cosas: leer algo de la vida de Margarita de Parma (la que desempeñó la labor de madre de Isabel), y repetir con otras obras del autor, seguro que no me decepcionan.
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