Sinopsis
Thomas Rye es un piloto de una línea aérea low cost que esconde un oscuro secreto. Sinesio Amorós es un parapsicólogo aficionado que graba unas inquietantes psicofonías que son la primera pista para resolver un misterio de origen celta que no debería ser desvelado. Cuando ambas tramas se encuentran, se inicia una angustiosa cuenta atrás de devastadoras y asombrosas consecuencias.
Caja negra, publicada por primera vez en 2010, es un magistral thriller que se recupera ahora tras convertirse en un fenómeno mediático con motivo de sus desgraciadas y asombrosas similitudes con el trágico accidente de avión de los Alpes franceses.
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Me he llevado una grata sorpresa al leer esta novela, pues, en contra de lo que los futuros lectores piensan, no contiene un trágico y maquiavélico plan para derribar un avión y llevarse por delante un buen puñado de víctimas, siendo estrellado por un piloto psicópata. La casualidad y el tirón comercial han rescatado, cinco años después, una novela que merece la pena que degustéis y guardéis en vuestras estanterías.
La trama que nos propone Francisco va más allá y está condimentada con una buena dosis de suspense y antiguos misterios celtas; con los ingredientes bien agitados, el cóctel es demoledor: un thriller con el mundo de la aviación como protagonista y una investigación posterior al accidente que nos descubrirá un asesino en serie.
El año en el que transcurre cada capítulo, como único nombre de ellos, nos transporta en el tiempo y nos sitúa en los hechos que van a ocurrir, enfrentándolos a los recuerdos: una lista de asesinatos, cometidos con frialdad y sin ningún tipo de emociones que os aseguro que os mantendrán pegados a la silla hasta conseguir adivinar todas las preguntas que os iréis haciendo por el camino.
Paralelo al siniestro, nos encontramos con Sinesio Amorós, un funcionario que dedica su tiempo libre a su verdadera capacidad: los encuentros paranormales. Las psicofonías son su especialidad, y a ellas se dedica en cuerpo y alma adentrándonos en creencias y situaciones, con las que participaremos en el juego al que el autor nos ha invitado. Desde este momento os será imposible no pensar en todos los personajes en busca del nexo de unión entre ellos.
Por medio del piloto Thomas Rye, podemos conocer un poco mejor el día a día de los tripulantes de una pequeña compañía aérea, un buen puñado de cosas que saciarán nuestra curiosidad y otras que también, dentro de la ficción, conseguirán ponernos los pelos de punta; sobre todo cuando comprobemos el odio y desprecio que Thomas tiene hacia sus compañeros de cabina y hacia la gente en general.
Aunque aquí, hay que darle las gracias al Francisco comandante de línea aérea por acercarnos a las normas de seguridad establecidas en la aviación comercial internacional y a esa narrativa que el sabe manejar, entrelazando ficción con realidad y describiendo, sin aburrirnos y desde su experiencia personal, alguno de esos momentos mágicos que él ha vivido pilotando un avión y conociendo diferentes culturas.
Como ya lo consiguió anteriormente con Assur y Rōnin, Francisco ha vuelto a quitarme horas de sueño, pero esta vez con una aventura de vértigo, no sólo por las alturas sino también por los fenómenos extraños que suceden a ras del suelo con seres atrapados que deambulan a la espera de ser liberados.
Gracias Francisco
La trama que nos propone Francisco va más allá y está condimentada con una buena dosis de suspense y antiguos misterios celtas; con los ingredientes bien agitados, el cóctel es demoledor: un thriller con el mundo de la aviación como protagonista y una investigación posterior al accidente que nos descubrirá un asesino en serie.
El año en el que transcurre cada capítulo, como único nombre de ellos, nos transporta en el tiempo y nos sitúa en los hechos que van a ocurrir, enfrentándolos a los recuerdos: una lista de asesinatos, cometidos con frialdad y sin ningún tipo de emociones que os aseguro que os mantendrán pegados a la silla hasta conseguir adivinar todas las preguntas que os iréis haciendo por el camino.
Paralelo al siniestro, nos encontramos con Sinesio Amorós, un funcionario que dedica su tiempo libre a su verdadera capacidad: los encuentros paranormales. Las psicofonías son su especialidad, y a ellas se dedica en cuerpo y alma adentrándonos en creencias y situaciones, con las que participaremos en el juego al que el autor nos ha invitado. Desde este momento os será imposible no pensar en todos los personajes en busca del nexo de unión entre ellos.
Por medio del piloto Thomas Rye, podemos conocer un poco mejor el día a día de los tripulantes de una pequeña compañía aérea, un buen puñado de cosas que saciarán nuestra curiosidad y otras que también, dentro de la ficción, conseguirán ponernos los pelos de punta; sobre todo cuando comprobemos el odio y desprecio que Thomas tiene hacia sus compañeros de cabina y hacia la gente en general.
Aunque aquí, hay que darle las gracias al Francisco comandante de línea aérea por acercarnos a las normas de seguridad establecidas en la aviación comercial internacional y a esa narrativa que el sabe manejar, entrelazando ficción con realidad y describiendo, sin aburrirnos y desde su experiencia personal, alguno de esos momentos mágicos que él ha vivido pilotando un avión y conociendo diferentes culturas.
Como ya lo consiguió anteriormente con Assur y Rōnin, Francisco ha vuelto a quitarme horas de sueño, pero esta vez con una aventura de vértigo, no sólo por las alturas sino también por los fenómenos extraños que suceden a ras del suelo con seres atrapados que deambulan a la espera de ser liberados.
Gracias Francisco
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